Colegio Zazuar

 
 

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*** CONCERTADO EL SEGUNDO CICLO DE EDUCACIÓN INFANTIL Y TODOS LOS NIVELES DE ENSEÑANZA OBLIGATORIA***

 

XV CONCURSO LITERARIO
 

 

NIVELES EDUCATIVOS
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SEGUNDO PREMIO DE PROSA DEL SEGUNDO CICLO DE ESO

Y BACHILLERATO

 

LA OSCURIDAD

Sandra Moreno Díaz 4ºB E.S.O.

 

La oscuridad. No entiendo a las personas que la temen, creo que podemos llegar a ver cosas mucho peores manteniendo nuestros ojos abiertos: masacre, hambre, guerra... La oscuridad, el lugar idóneo para pensar…
Me llamo María, y ahora mismo me encuentro tumbada boca arriba en mi cama. No me gusta demasiado describirme, además no tengo ningún rasgo llamativo ni fuera de lo normal, tan solo dos son las características que debo nombrar de manera imprescindible sobre mi persona. Una de ellas es que soy ciega. No tenéis porqué sentir lástima de mí. Al principio me costó afrontarlo, fue duro, pero ahora… Como decía, estoy tumbada boca arriba en mi cama, con los ojos cerrados para pensar. Ya lo sé, soy ciega y me da igual tenerlos cerrados o abiertos, pero a mí me gusta cerrarlos porque de esta manera mi concentración es mayor. El único sonido que escucho es el de mi propia respiración, y eso me relaja porque se produce de manera rítmica… aunque sinceramente hace tiempo que dejé de prestarle atención a mi respiración… Lo que ocupa mi pensamiento es otra cosa.
Hace mucho tiempo que sufro de esta ceguera. Antes de padecerla yo era una chica que iba al instituto, salía con mis amigos y los domingos, aunque muchos de ellos a regañadientes, iba con mis padres al cine o a dar un paseo por el retiro. He de decir que era despreocupada, quizá demasiado. El mundo que me rodeaba era literalmente el mundo que me rodeaba, no el mío propio, que se basaba en sacar buenas notas, ser amiga de mis amigos y en mi familia. Hasta tal extremo llegaba mi despreocupación, que cuando comencé a perder la vista no le di importancia…¡y cuánto me he llegado a arrepentir de esto! Muchas veces he pensado que si me hubiera alarmado, o se lo hubiera comentado a mis padres, el desastre se podría haber evitado… en cualquier caso lo hecho, hecho está.
Os contaré como ocurrió. En clase no era una chica que armara escándalo ni mucho menos, por lo que mi situación solía ser la de la última fila. Esto me encantaba porque desde ahí podía ver todos y cada uno de los movimientos de cualquier persona. Normalmente los profesores no utilizan en excesivo la pizarra, porque ya somos mayorcitos para coger apuntes de oído, pero en clases puntuales sí que se usaba, como lo era en la de matemáticas. Así es como me di cuenta de mi pérdida de visión, y es que para mí los números que el profesor trazaba no eran más que borrones sin sentido, pero como ya he dicho era muy despreocupada, y no le di importancia…¿para qué estaba el compañero de al lado? Constantemente le pedía su cuaderno para copiar lo que el profesor escribía, pero pronto me di cuenta de que eso era un retraso para César, que era el chico con el que compartía la privilegiada fila de atrás. Por esto y muy a mi pesar, pedí al tutor que me colocara en primera fila, hasta que estuvieran listas mis gafas. Como podéis imaginar, las gafas no estuvieron listas nunca.
Aunque aún no era una persona ciega, mi vida comenzó a cambiar. Cada vez que mis amigos iban al cine, yo me inventaba alguna excusa para no acompañarles, porque no veía más que siluetas que se movían de un lado a otro, y terminaba por marearme.
Lo que más me gustaba por aquel entonces era tumbarme en mi cama boca arriba, tal como estoy ahora y cerrar los ojos. Me encanta la oscuridad, envuelta en ella me siento bien, odio la luz, y sobretodo los resplandores que tanto me aturdían… Un resplandor fue la causa de mi ceguera definitiva.
Sinceramente fue algo muy extraño, y por eso hasta el día de hoy me he dedicado a conseguir dar con una explicación. Iba por la calle yo sola, porque me había bajado a dar una vuelta. Estaba muy aburrida en mi casa, porque lo único que se hacía era estar pendiente del televisor. Estaba sucediendo un acontecimiento importante, creo recordar que unas elecciones o algo así… Cuando caminaba por la solitaria calle, me dio la sensación de que todas las personas del mundo entero estaban en sus casas con sus miradas fijas en el televisor. Era invierno, sí, pero normalmente a esas horas de la noche te encontrabas con una alguien que sacaba a pasear a su perro o, que como a mí, le apetecía dar un paseo. Mi visión ya era prácticamente nula, de hecho ya tenía hora para el oftalmólogo porque mi madre se había empezado a preocupar, pero a pesar de ello me movía como si fuera una persona completamente vidente, y es que además de poseer un muy buen sentido de la orientación, conocía esa calle como la palma de mi mano. Allí jugaba y correteaba desde mi infancia, y me arriesgo a decir que una persona que no me conociera y me viera en ese momento, no pensaría en ningún momento en mi realidad, en que me movía en una parcial y casi total oscuridad.
Así que ahí estaba yo, sola y en un paseo nocturno cuando de pronto presencié un destello de una intensidad inimaginable. Aunque no duró mucho más de diez segundos, me dio tiempo a pensar cuál podía ser su origen. Al principio evalué la posibilidad de que fueran los faros de un coche, pero rápidamente la deseché. Si hubiera sido un coche, habría escuchado el rugir de su motor… no, no era un coche. Después pensé en que algún amigo o amiga mía estaba gastándome una broma, enfocándome con una linterna a la cara. Juan, quizás, que era muy bromista. Pero también le habría escuchado, y además era una luz demasiado potente como para proceder de una simple linterna… no, tampoco podía ser una linterna. Un cosquilleo avanzaba por mi cuerpo, como si de una fila de intrépidas hormigas se tratase. Empezaba a inquietarme, a sentir…miedo. Coloqué mi mano derecha sobre mi rostro y entrecerré los ojos, porque la luz comenzaba a serme realmente molesta, pero para entonces el resplandor ya había cesado. Con los ojos todavía cerrados, suspiré de una manera tan profunda que sentí que mi cuerpo se había vaciado hasta de pensamientos. Pero no fue así, ya que pronto rememoré lo que acababa de acontecer y, al abrir los ojos, pude descubrir cual había sido la consecuencia de todo aquello. La oscuridad era tal que me era igual tener los ojos cerrados o mantenerlos abiertos. Me había quedado ciega.
Al principio pensé que sólo sería algo momentáneo, provocado por el aturdimiento. Me senté en un banco cercano y esperé unos minutos, pero continuaba sin ver absolutamente nada. Mi nerviosismo fue en aumento, y como si se tratara de un acto reflejo, eché a andar a ninguna parte. Recuerdo que a veces me parecía ver personas u objetos, pero nada era cierto. Mi mente deseaba ver, y por ello imaginaba cosas, como la persona sedienta que recorre un desierto y le parece ver en la lejanía un oasis que desaparece a medida que se va acercando.
Sin saber cómo, llegué a mi casa, y allí intenté explicarle a mi familia lo que me había ocurrido. No me centré excesivamente en el resplandor, puesto que estaba segura de que no me creerían, y simplemente dije que tras un gran destello quedé invidente. Mis padres me aconsejaron que me tranquilizara, y pretendieron adelantar la cita con el oftalmólogo, pero yo sabía que la gravedad del asunto era mayor, y les pedí que me llevaran a urgencias esa misma noche. Y eso hicieron.
Estuve toda la noche sometida a diversas pruebas, aunque tengo que decir que me acuerdo muy vagamente de esa noche y de las dos semanas siguientes que me mantuve ingresada en el hospital. Puede que fuera porque me inyectaban calmantes y anestesias, o simplemente debido a los pocos resultados que se obtuvieron, mi memoria ha preferido olvidarlo todo, ya que ningún médico, por muy experimentado que fuese, consiguió darnos a mis padres y a mí el verdadero motivo de mi ceguera… o no por lo menos un motivo que a mí me convenciera.
Si anterior a mi ceguera únicamente me dedicaba a mis estudios, amigos y familiares, tras ella solo me dedicaba a mí. Fue tal la forma de evadirme, que en algunas ocasiones mi madre tenía que recordarme que no había comido, o que llevaba días enteros sin salir de mi habitación, y es que ¿para qué iba a hacerlo? No tenía nada que me ocupara fuera de aquellas paredes. Me dedicaba a pensar durante horas y horas en aquella luz, que para mí era la causa directa de mi mal. La explicación médica era simplemente absurda. El señor Arco, el encargado de dar mi diagnóstico durante mi estancia en el hospital, se redujo a que tras expirar mi visión, la mente hizo un último y desconsolado intento por recibir información, que se tradujo es una luz blanca y limpia… algo así como el conocido túnel que se dice puede verse en nuestros últimos momentos… como decía, absurdo. Según el médico, primero me había quedado ciega, y tras esto había visto el resplandor, pero no fue así,  sino al revés. Por lo tanto, la teoría de don Arco caía por su propio peso. Lógicamente, mis padres le creyeron a él y no a mí a pesar de mi insistencia por el orden de los hechos:
- Mamá, papá, primero vi. la luz, y tras ello quedé ciega, ¡lo recuerdo perfectamente!
- Hija – me decían- estabas aturdida y nerviosa, don Arco lleva razón y lo sabes, por favor dejémoslo ya, ahora debemos velar por tu recuperación, y no discutir el por qué de las cosas.
Todos sabemos lo increíblemente imposible que es convencer a unos padres de                     algo de lo que están más que seguros. Así que decidí demostrarlo por mis propios medios, y de esta manera darme una explicación a mi misma, un por qué, que para mi tranquilidad y a diferencia de lo que pensaban mis padres, me era imprescindible saber.
Como solía hacer, primero recurrí a mis amigos. Sabía que ellos no me iban a dar ninguna respuesta, pero necesitaba que alguien, por lo menos, me creyera. Quizás ellos no lo hicieran, pero siempre me apoyaban y se mostraban preocupados por mis cosas. Así que aproveche una de las visitas casi diarias que me hacían para comentarles mis sospechas. Vinieron César, mi antiguo compañero de la última fila, Bea, una de mis mejores amigas, Juan, el bromista, Antonio, otro compañero de clase, y Pedro, un amigo algo más pequeño que yo. Les conté todo, y la verdad es que me sentí mucho mejor tras haberlo hecho, porque todos se ofrecieron a ayudarme en lo que pudiesen. Al final quedamos en que buscarían información en distintos libros, puesto que yo eso no lo podía hacer, y también en internet, preguntando en foros si alguien había tenido la misma experiencia. Yo no podía hacer gran cosa mientras tanto, por lo que me sentía un poco inútil, pero mis amigos me consolaron y me dijeron que hasta que volvieran con algún dato escuchara la radio. En algunos programas había participación de personas que llamaban contando sus problemas…y quién sabe, puede que una de esas personas contara mi problema. Y eso hice.
Nunca escuché la voz de otra persona contando mi problema, pero a pesar de ello me aficioné a escuchar la radio, pasaban tantas cosas que ignoraba en el mundo… ¡Cuántos conflictos sociales se producían cada día! ¡ Cuántas personas morían a causa de enfermedades que se podrían haber evitado! Mis amigos volvieron al cabo de un tiempo muy entristecidos, porque no habían conseguido nada en absoluto, pero para mi sorpresa, esto no me apenó… había miles de personas que sufrían problemas mucho más graves que el mío… y yo me avergonzaba de no haberlo sabido antes. Era ciega, pero antes lo era mucho más… ESA ERA LA RESPUESTA.
Somos jóvenes, estamos y en nuestras manos está que las cosas sigan como hasta ahora, o que por el contrario cambien a mejor. Ser despreocupados es el mayor error que podemos cometer, porque mientras nosotros cerramos los ojos al mundo, él nos pide a gritos ayuda… Me da igual cómo se produjo aquel resplandor, pero gracias a él me di cuenta de esta gran verdad… aunque demasiado tarde.
Me llamo María, y ahora mismo me encuentro tumbada boca arriba en mi cama. No me gusta demasiado describirme, además no tengo ningún rasgo llamativo ni fuera de lo normal, tan solo dos son las características que debo nombrar de manera imprescindible sobre mi persona. Una de ellas es que soy ciega, la otra, es que estoy muerta.

 

 

Web actualizada el jueves, 01 mayo 2008 a las 21:06 horas

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