Colegio Zazuar

 
 

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*** CONCERTADO EL SEGUNDO CICLO DE EDUCACIÓN INFANTIL Y TODOS LOS NIVELES DE ENSEÑANZA OBLIGATORIA***

 

XV CONCURSO LITERARIO
 

 

NIVELES EDUCATIVOS
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ACT.COMPLEMENTARIAS
ACT.EXTRAESCOLARES
ACT.CULTURALES
ACT.DEPORTIVAS
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CURSO ESCOLAR
SECRETARÍA
NUESTROS ALUMNOS
ANTIGUOS ALUMNOS

SEGUNDO PREMIO DE PROSA DEL PRIMER CICLO DE ESO

 

LAS TRES MONEDAS

Antonio calvo Palomino 2ºB E.S.O.

  

Se levantaba como todos los días el señor James a las siete en punto, desayunaba y se iba a trabajar. Ese día, a diferencia de los anteriores, se mostraba lluvioso y gris, propio de los que se suceden constantemente en una ciudad abarrotada como en la que vive, junto a varios millones de personas que cumplen la rutina diaria de ir a trabajar.

El señor James se despidió esa mañana de su mujer, como todos los días, y se marchó cabizbajo camino de su trabajo con un maletín de cuero negro que su esposa le regaló el año pasado por su cumpleaños. Subió al coche; un bonito Ford Focus, color gris azulado. Al poco tiempo ya estaba envuelto en un estrepitoso atasco de los que se forman en las grandes ciudades.

Cuando llegó a su trabajo, después de casi una hora de tráfico, ocupó su mesa, que tenía un ordenador, un corcho en el que se registraban sus citas más importantes y una pequeña caja color verde en la que guardaba unos clips multicolores.

El señor James realizó lo propio de un administrativo y luego, tras cuatro o cinco horas de trabajo, se marchó para almorzar. No comió mucho, puesto que tenía una reunión a primera hora de la tarde, por lo que sólo disponía de media hora escasa.

La reunión no le fue mal ni bien. Se discutieron cosas inútiles que luego no iban a servir para nada.

A las siete de la tarde, finalizada su jornada, salió de trabajar con su coche, y enseguida activó el limpiaparabrisas ya que caía un diluvio tremendo. Además, al rato, un choque con otro coche le dejó tirado en plena calle y sin paraguas. Anduvo hacia su casa cabizbajo, como era habitual en él, totalmente empapado, cuando, de repente, en un charco con barro encontró tres monedas de oro que tenían una cara muy extraña en el reverso. El señor James, sorprendido, se preguntó a sí mismo: “¿De dónde serán estas monedas?”.

Cuando llegó a su casa le dio la noticia a su mujer, la cual buscó en un libro de numismática para intentar conocer su procedencia y valor. Tras un análisis detallado del libro, terminó indicando: “Son de Nepal. De un pueblo tibetano algo inhóspito”. “¿Cómo podrían haber llegado hasta aquel charco?”, se preguntaban el señor y la señora James.

Al día siguiente, ambos fueron al Banco Central a obtener una mayor información sobre las monedas, pero justo al ir a enseñarlas, en una de ellas apareció un holograma en el que se veía un pueblo alrededor de montañas con una mensaje que decía: “Aquel que devuelva estas monedas al Emperador de nuestro pueblo le será otorgado un conjunto de maravillosos dones”.

El señor y la señora James decidieron afrontar el viaje. Cargaron el equipaje en poco tiempo y se metieron en un taxi. El taxista les preguntó: ¿A dónde les llevo?. El señor James respondió: “Al aeropuerto, por favor”. Al cabo de media hora ya estaban en el aeropuerto, dispuestos a subir al avión que les llevaría a Katmandú, la capital del Nepal.

Tras muchas horas en el avión, llegaron a su destino, un lugar extraño y montañoso. Ya en la calle, no sabían a dónde ir, ya que no había ningún mapa y el nombre de la tribu la desconocían. De repente, una moneda se le movió en el bolsillo, y al ir a sacarla, comprobó que estaba envuelta en un mapa bastante antiguo de aspecto, pero fácil de entender. Tras su análisis, determinaron que la tribu que buscaban se encontraba al noroeste del país.

El señor y la señora James decidieron hacer el primer trayecto de su nuevo viaje en tren. Todo marchaba bien hasta que un túnel un conjunto de vándalos de montaña, más conocidos como los Kirmisones entraron en el tren y comenzaron a amenazar a todas las personas que estaban allí.

Los Kirmisones tenían parado el tren, al cual cargaron de explosivos. La gente, al observarlo, se asustó aún más, pero, de repente, un individuo, identificado por algunos pasajeros del tren como el Chinsuí, comandante del grupo por el poder otorgado por el pueblo Kirmí por sus hazañas, tras salir del trance en el que estaba mientras recitaba unas palabras muy raras, en un idioma muy antiguo, fue mandando abandonar el tren a todos los pasajeros, en pequeños grupos. En el primero, tras avanzar el tren varios kilómetros, descendió una familia con tres hijos. En el segundo, kilómetros más tarde, obligó a bajar a un señor que parecía extranjero por su atuendo, y unos kilómetros después descendieron el señor James y su esposa.

Una vez bajaron del tren, observaron, al levantar su mirada, en un día muy claro, un paisaje precioso, con altas montañas, cubiertas sus cimas de nieve, y notaron un intenso frío, propio de la zona en la que se encontraban.

El señor James y su esposa no decidieron seguir la vía, que minutos antes ocupaba el tren, sino que se introdujeron en el frondoso bosque rodeado de montañas. Tras las largas horas de búsqueda de la tribu, decidieron descansar y sacaron los sacos de dormir que, inteligentemente, había llevado la señora James. La noche ya caía y los ruidos extraños de ese bosque empezaban a aparecer bajo la luna llena, con el frío propio de la zona montañosa en la que se encontraban. Al día siguiente, con los primeros rayos de luz, se levantaron, y algo adormilados, empezaron a caminar hasta que, de repente, un brillo de una de las monedas les provocó un desvanecimiento, que les duró varias horas, hasta que un aldeano les despejó y les llevó a su pueblo.

El señor y la señora James preguntaron que había pasado y el aldeano no sabía que contestarles, pero él había visto el resplandor de las monedas y les contó todo lo que sabía respecto a ellas: “Cuenta la leyenda que esas monedas no sirven para comercial sino que el Emperador, llamado también Kalen, tiene el poder de otorgar los dones más preciados y codiciados por muchos. Muchos intentaron llegar, pero no lo consiguieron. Hay quien dice que es mentira, pero yo no me aventuraría a decir nada, y por lo que respecta al mapa, os puedo decir que, cruzando la montaña Kantar, habréis encontrado la tribu que se encuentra en el valle Rankmen”.

Tras varias horas de charla, y tras comer algo, el señor y la señora James se pusieron en camino. Anduvieron muy deprisa, hasta el punto de que al amanecer, sin hacer paradas en la noche, que por otra parte era muy clara, se encontraban en la cima de la montaña. Hacía mucho frío aunque la altura no era excesiva, a diferencia de las que se encontraban alrededor, y la respiración no era fácil, tanto por el cansancio que acumulaban como por la propia altitud a la que se encontraban. El descenso por la otra ladera de la montaña fue más difícil si cabe que la ascensión, incluso el señor James, como consecuencia de una caída, estuvo a punto de fracturarse el brazo izquierdo.

Pasadas varias horas entre el descenso y el camino por el valle, llegaron a la tribu indicada en el mapa. El lugar estaba desierto, por lo que decidieron entrar en una de las casas. Cuando lo hicieron, comprobaron que la tribu estaba secuestrada, adivinando, el señor y la señora James, que los secuestrados eran los Kirmisones, los mismos que se hicieron horas atrás con el tren en el que viajaban.

Como defensa, el señor James intentó arrebatar la daga de El Chinsuí, que estaba, de nuevo, en trance, pero no pudo lograrlo. En ese momento, de una de las monedas surgió una daga en forma de dragón que, con un solo movimiento de muñeca del señor James, hizo que los Kirmisones desaparecieran. Así, el señor y la señora James devolvieron las monedas al arca del Templo y el emperador les otorgó los dones más anhelados por todas las personas: el don de la Sabiduría, el de la Valentía, el de la Lealtad, y así una larga lista.

 

 

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