Colegio Zazuar

 
 

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*** CONCERTADO EL SEGUNDO CICLO DE EDUCACIÓN INFANTIL Y TODOS LOS NIVELES DE ENSEÑANZA OBLIGATORIA***

 

XV CONCURSO LITERARIO
 

 

NIVELES EDUCATIVOS
INSTALACIONES
ACT.COMPLEMENTARIAS
ACT.EXTRAESCOLARES
ACT.CULTURALES
ACT.DEPORTIVAS
SERVICIOS
CURSO ESCOLAR
SECRETARÍA
NUESTROS ALUMNOS
ANTIGUOS ALUMNOS

SEGUNDO PREMIO DE PROSA DEL PRIMER CICLO DE ESO

 

NICOLÁS

Paula Castilla Carramiñana 1ºB E.S.O.

 

Hace muchos, muchos años, en un pueblo muy lejano de Inglaterra, un joven llamado Nicolás de unos quince años, que vivía en un pequeño pueblo con sus abuelos, trabajando en la tienda familiar que tenían vio un cartel que anunciaba que todas aquellas personas que tuviesen de quince a veinte años y estuviesen muy bien entrenados podrían ganar una gran suma de dinero. A Nicolás le pareció muy buena idea, porque aparte de ser una buena excusa para cambiar la rutina de todos los días en la tienda sabía que el premio podría ayudar mucho a sus abuelos; aunque cuando leyó la letra pequeña del cartel ya no le parecía todo tan fácil; ponía que el concursante tenía que viajar el 2 de junio a Canadá, presentarse en el gran congreso e ir muy bien preparado para las difíciles pruebas a las que tendría que enfrentarse.

Para la fecha marcada aún quedaban tres meses. Nicolás estuvo entrenándose muy a fondo con la ayuda de su abuelo.

Por fin, llegó el gran día. Nicolás se despidió de sus queridos abuelos y partió al gran congreso de Canadá donde se encontraría con los otros concursantes. El camino duró un par de horas pero por fin el avión aterrizó.

Al llegar al congreso, se dio cuenta de que era mucho más grande de como el se lo había estado imaginando meses atrás. Tenía grandes ventanales. La fachada estaba pintada con un color granate y había una gran puerta de entrada hecha de mármol. Todo era muy bonito.

Nicolás se decidió a entrar. En el interior del congreso había muchas personas como él. Todos ansiosos esperaban noticia de cómo sería la primera prueba, en que consistiría ésta, a cuántos desafíos tendrían que enfrentarse...

Al cabo de unos quince minutos -por lo menos así lo creía Nicolás- llegó un señor. Era bajito y regordete aunque con cara de ser muy amable. Llevaba un micrófono en la mano derecha. En ese momento comenzó a hablar: 

¡Buenos días a todos! Ya veo que somos muchos y eso me alegra. Supongo que todos estaréis impacientes y con muchas preguntas, aunque me temo que este no es el momento para todas esas cosas. Lo primero, deciros que mi nombre es Herman y voy a acompañaros hasta el final del concurso. Lo segundo que quería contaros son las normas básicas que debéis conocer, por lo menos de momento; la primera es que todas las pruebas las haréis en solitario, la segunda; cuando se pierda una prueba tendréis que regresar a vuestros hogares, lo que significa que cada vez iréis siendo muchos menos; y la tercera y última es que en esta sala, donde ahora mismo os encontráis comeréis, cenaréis, dormiréis...mejor dicho, no tenéis acceso a ninguna de las demás habitaciones del edificio, ¿de acuerdo?, ¿está todo entendido?

Todos asintieron con la cabeza.

De acuerdo -continuó Herman- pues entonces podéis ir dejando por aquí, sin que estorbe mucho vuestros equipajes e ir indagando por los alrededores. Mañana volveréis a tener noticias mías y comenzará el concurso

Y con estas palabras, Herman se marchó.

Nicolás estaba muy contento, por fin había llegado a aquel lugar que esperaba desde meses atrás, aunque a la vez sentía un extraño cosquilleo en la tripa. La verdad es que estaba muy nervioso y ansioso por conocer como sería la prueba que le aguardaba al día siguiente.

Nicolás cogió sus maletas y las dejó en un rinconcito que encontró. Después, salió afuera.

Desde fuera miró el congreso; a él le parecía que era una gran mansión comparada con su humilde casita de sus abuelos.

El congreso estaba rodeado por grandes árboles frondosos y por campos de arena y de cultivos. Todo le parecía perfecto.

Por fin llegó la noche. Terminados de cenar, se acurrucaron dentro de sus sacos, y un chico rubio del que desconocía su nombre apagó la luz.

A la mañana siguiente, cerca de las nueve de la mañana sonó una canción a un gran volumen cuya letra decía algo parecido a: ¡Venga chicos a cantar, que el concurso va a empezar! Poco a poco se fueron despertando los demás participantes y después de que todos desayunaran Herman entró. Esta vez venía con una cara más sonriente que expresaba también mayor tranquilidad.

¡Buenos días mis queridos concursantes! -comenzó a decir- hoy comenzaréis con la primera prueba, y nos os    penséis que por ser la primera será mas fácil que las demás. Uno por uno os dirigiréis al gran bosque. Allí os tendréis que enfrentar con diversos animales. Llevaréis un pequeño mapa donde habrá marcado una cruz roja. Eso significa que tendréis que llegar allí y coger la llave dorada que se encontrará por esa zona. Una vez  encontrada deberéis soplar el silbato que llevaréis colgado del cuello y uno de mis ayudantes irá a buscaros. Lo difícil de esta prueba no es combatir con los animales sino hacerlo en el tiempo marcado. Tendréis diecisiete minutos así que aprovecharlos bien porque sin darse cuenta se agotan. Ahora os iré llamando de uno en uno e iréis dirigiéndoos al bosque, ¿de acuerdo? Primer concursante: Jeremy Thompson.

Un chico de unos dos o tres años más que Nicolás se dirigió hacia la puerta, la abrió y se marchó.

Herman siguió diciendo más nombres.

Para Nicolás el tiempo pasaba muy lentamente hasta que, de repente, escuchó su nombre.

Herman le había nombrado; había llegado su hora. Salió por aquella enorme puerta y se dirigió hacia el bosque. Una vez bien adentrado en él miró el mapa y comenzó a andar hacia el sureste del bosque.

Los rayos del sol no llegaban a sobrepasar aquellos hermosos árboles que formaban el bosque. Todo estaba muy oscuro. Nicolás estaba tranquilo hasta que escuchó unas pisadas. Como no sabía lo que se le podría aparecer, cogió un gran palo que se encontró en el suelo, posiblemente una rama caída de uno de esos enormes y frondosos árboles, lo agarró con fuerza y siguió su camino. De repente, salió una pantera de detrás de los matorrales. Tenía un negro más oscuro de lo habitual así que Nicolás la veía con mucha dificultad, aunque si podía distinguir muy bien a aquellos ojos tan brillantes que tenía el animal en medio de aquel lugar sin casi apenas un poco de luz. En ese momento, el miedo se apoderó de Nicolás, y lo único que hizo fue intentar darla algunos golpes con el palo que había encontrado en el suelo anteriormente. Pero, la pantera era mucho más rápido que él, y logró esquivar la mayoría. De repente, la pantera se le lanzó a la cara; Nicolás la agarró de las dos patas delanteras, y con mucho esfuerzo la empujó hacia atrás. La pantera cayó encima de unos rosales que había por la zona y, desde ahí, se fue huyendo.

Nicolás tenía las manos y la cara con grandes arañazos que le había hecho la pantera; le escocían mucho, pero, aún así, recogió el mapa del suelo y siguió su camino. Miró su reloj de muñequera y observó que aún le quedaban unos nueve minutos. Allí, en el bosque, el tiempo transcurría muy deprisa.

Al cabo de tres minutos Nicolás ya se encontraba en la zona de la cruz roja. La podía ver, allí estaba, la llave dorada. Le quedaba muy poco tiempo, pero era el suficiente como para recogerla del suelo y tocar el silbato. Y así lo hizo; al cabo de un rato una chica con una bata blanca llegó para recogerlo y llevarlo de nuevo al gran congreso.

Hacia la hora de cenar, todos los concursantes que habían logrado superar la primera prueba iban llegando al comedor del edificio y se iban sentando en sus sitios. Nicolás pudo observar que faltaban como unas veinte personas más o menos. En ese momento llegó Herman.

Buenas noches -dijo Herman- lo primero que quería hacer era felicitaros a todos los que estáis aquí por haber superado la primera prueba. Lo segundo que os tenía que explicar es la prueba que os aguarda mañana. A las nueve y media de la mañana tendréis que estar listos y preparados aquí, en el comedor. Después, os iré llamando uno a uno, e iréis llegando al campo de arena que hay afuera. Allí habrá dibujado un tablero de colores. Os situaréis en la salida e iréis avanzando. Si pasáis la prueba avanzaréis dos casillas, y si por el contrario no pasaseis la prueba avanzaríais sólo una única casilla. En esta prueba no habrá tiempo límite. Buenas noches.

Y con estas palabras, Herman se marchó.

Nicolás se acostó pronto, quería estar bien descansado para la prueba de la mañana siguiente.

A las nueve de la mañana, Nicolás empezó a desayunar. Pronto llegó la hora y Herman apareció en el comedor diciendo:

Ya es la hora. Empezaré a nombraros. Marc Sumpter.

Nicolás ya no estaba tan nervioso como en la primera prueba. Al cabo de una hora más o menos Herman le nombró.

Una vez situado en la casilla de salida, apareció un gran oso. Parecía furioso. Nicolás había leído varios artículos sobre como comportarse con ellos y lo puso en marcha. Silenciosamente se tumbó en el suelo boca abajo y se quedó inmóvil. El oso le olisqueó un poco pero enseguida pasó de largo. De repente sonó una voz grave a lo lejos que decía:

Avanza dos casillas.

Y así lo hizo. Situado en la casilla numero dos el decorado del paisaje cambió totalmente. De repente se encontraba en medio de un combate de Kim Boxing. El contrincante poseía grandes músculos y  varios metros más comparado con Nicolás. En ese momento sonó el “bong” y su rival se lanzó sobre él. Nicolás llevaba puesto unos buenos guantes de boxeador. Eran rojos y tenían cosidos unas pequeñas iniciales que no llegó a poder descifrar. Nicolás esquivó un par de golpes pero aún así, le sangraba el labio superior. De repente, cogió velocidad y estampó a su contrincante contra las redes que marcaban el límite de la plataforma donde  se estaba produciendo el combate. Después, le arrinconó y le dio varios golpes con los puños llegando a colocar su espalda contra el suelo. Allí es cuando volvió a sonar aquel “bong” que anteriormente había podido oír. En ese momento todo volvió a la normalidad y la misma voz de antes dijo esta vez:

Avanza hasta la casilla número cuatro.

Nicolás estaba muy entusiasmado, pues ya había logrado superar dos fases de la segunda prueba.

En ese momento apareció Herman y le dijo, con el micrófono en la mano:

Te propongo un pequeño trato. Si quieres puedes pasar de las siguientes fases de esta prueba y llegar directamente a la última prueba con el inconveniente de que tendrías que volverte a casa tu solo si no lograses la prueba final; o seguir con estas fases con la ventaja de que si no lograses superar alguna fase de esta segunda prueba te podrías quedar en el concurso hasta que se terminara pudiendo conocer al ganador y llevándote nosotros mismos a tu hogar.

Después de unos segundos, Nicolás respondió:

Creo que me voy a arriesgar a pasar directamente a la prueba final.

De acuerdo -contestó Herman- entonces esta noche terminarás con la última prueba. ¡Buena suerte!

Nicolás volvió al comedor. Seguían estando las mismas personas que había visto la última vez en aquella misma sala. Lo único que no sabía era quién haría la prueba final como él o quién estaría ya eliminado pero a la espera de saber y conocer al ganador del concurso.

Pronto tendría que enfrentarse a la prueba final, a la prueba decisiva, la que decidiría quién se merecía más el premio.

Al cabo de unos minutos llegó Herman:

¡Buenas noches mis concursantes! -comenzó diciendo Herman. Ya queda muy poco. Supongo e imagino que todos estaréis  nerviosos e impacientes de conocer cómo será la prueba final, la definitiva, la que terminará el concurso. Pues bien, afuera he preparado con la ayuda de mis ayudantes, un gran laberinto. Tendréis que llegar hasta el centro del espacio donde jugaréis y coger la copa que os dará el triunfo del concurso. Una vez que la tengáis en la mano, deberéis tocar el silbato que os dimos en la primera prueba y un ayudante os recogerá y os traerá de nuevo al comedor. Si en algún momento os perdieseis o tuvieseis algún problema hasta el punto de querer abandonar el juego tocaréis el silbato dos veces seguidas. Esta vez jugaréis todos a la vez. Quien llegue antes a la copa ganará; pero eso sí, tened cuidado, es muy de noche y habrá obstáculos en el camino. ¡Qué gane el mejor!

Todos los participantes fueron saliendo por la puerta principal. Herman los fue colocando en distintas entradas al laberinto. De repente, sonó un agudo pitido. Era la señal, la prueba acababa de comenzar. Nicolás comenzó a caminar. Todo estaba muy oscuro y no se conseguía ver mucho. En ese momento se encontró enfrente suya dos caminos. Pero, ¿cuál debía tomar? Era difícil de escoger, pero al final decidió tomar el tramo de la izquierda. Nicolás estaba asustado, ¿qué obstáculos podrían ser esos de los que había hablado anteriormente Herman? De repente, se cayó en un boquete que había hecho en el suelo. No lo había visto antes, todo estaba tan oscuro que era imposible haberse percatado de él. Nicolás no veía nada y ahora la única pregunta que circulaba por su cabeza era la de cómo iba a lograr salir de allí. Se había quedado en blanco, le faltaban la ideas. Tenía dos opciones: o intentar salir escalando de aquel lugar o tocar dos veces el silbato que colgaba de su cuello para que fueran a buscarle y le ayudasen a salir. Se decantó por la primera opción. Puso un pie en una roca y el otro pie en otra que estaba unos centímetros colocada más arriba; pero solo consiguió escurrirse. Probó por otro lado. Se apoyó en otra piedra; ésta era un poco más grande que las anteriores, allí ya se encontraba un poco más estable. Siguió escalando hasta que por fin logró salir a la superficie. Nuevamente de pie en el suelo, volvió a caminar torciendo hacia la derecha. De repente, volvía a estar en la misma situación de antes, con la indecisión de que dirección debía tomar, si la derecha o la izquierda. Esta vez, giró hacia la derecha. En esa dirección, a Nicolás le dio la sensación de que la noche se había vuelto aún más oscura de lo que estaba, pero aun así, siguió caminando. De repente, comenzó a sentir una especie de cosquilleo que recorría todo su cuerpo. Sin saber cómo, estaba seguro de que era algún tipo de bicho. Se movían por todo su cuerpo. Debían de tener patitas muy finas, porque éstas no llegaban a hacerle daño. En ese momento, intentó quitarse de encima unos cuantos, cuando se dio cuenta de que lo que correteaba por todo su cuerpo era un montón de arañas. Él las tenía pánico, era lo que más odiaba.

No pudo hacer otra cosa mas que gritar. Allí fue cuando todas las arañitas desaparecieron. Resultó algo extraordinariamente extraño. No sabía como, pero aquel grito debía de haber ahuyentado a aquellas arañas de alguna forma. Después de aquel altercado, Nicolás siguió su camino. En ese instante, vio a lo lejos una clara luz, que se diferenciaba en aquella gran sombra de la que estaba formada la oscuridad de la noche. Sin dudarlo ni un segundo, se dirigió hacia ella. Se dio cuenta de aquella pequeña lucecita la desprendía la copa de la que tanto había oído hablar a Herman tiempo atrás. No se lo pensó ni dos veces cuando salió corriendo hacia la copa. Por fin la tenía entre sus manos. Le resultaba tan bonita... En ese instante, Nicolás tocó el silbato.

Después de unas dos horas aproximadamente, otra vez todos los participantes se encontraban en el gran comedor.

De repente, apareció Herman con Nicolás y dijo:

¡Felicidades! Lo habéis hecho todos genial, pero aún mejor nuestro ganador ¡Nicolás Smith! Él logró tener entre sus manos la copa, y por fin a llegado lo que tanto desea; es la hora de la entrega del premio: lo primero, la copa, es para ti; y lo segundo, este cheque valorado en doscientos mil dólares.

En ese momento, todo el comedor se puso en pie y comenzó a aplaudir a Nicolás con gran entusiasmo.

Herman estaba también muy contento.

Nicolás en lo único que pensaba ahora era en que pronto volvería a estar en casa con sus abuelos y disfrutando de su merecidísimo premio.

De camino a Inglaterra, Nicolás se acordó de todo lo que había visto y vivido en Canadá.

El avión aterrizó, y allí, con dos grandes sonrisas, le aguardaban su abuelo y su abuela. Les contó la gran noticia. Todos estaban encantados...

Ahora lo único que se sabe de Nicolás es que gastó parte de su premio en la compra de una casa más grande para sus abuelos, que él se sacó la carrera en la universidad y que aún le queda gran parte del premio ahorrado...

 

 

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