|
| |||||||||
|
SEGUNDO PREMIO DE PROSA DEL SEGUNDO CICLO DE ESO Y BACHILLERATO
HABITACIÓN 127 Ana Moral 3ºA E.S.O.
Era una lucha despiadada, todas contra todas, queriéndose deslizar lo más rápido posible. Yo ya había elegido a mi favorita, era la más gorda de todas y por supuesto sería la más rápida. Se abalanzó sobre todas ellas, llevándolas con ella también. Se estaba acercando poco a poco a la meta. Sí, iba a ser la primera de todas ...¡y lo consiguió! Al llegar a la meta ésta se desvaneció y, a la vez empezaba otra carrera en lo alto de la puerta. Esto es lo más interesante que se podía hacer en una tarde lluviosa de abril, ver una carrera de gotas de agua en la puerta .Bueno en realidad es una ventana pero yo la llamo mi puerta al exterior , es lo único que me recuerda a una vida normal en este hospital. Todo empezó cuando yo tenía diez años, lo recuerdo como si fuera ayer. Estaba jugando con mis amigas en el parque cuando espontáneamente me empezó a sangrar la boca, corriendo fui a avisar a mi madre que es enfermera y por lo menos algo me diría. En cuanto me vio me llevó al hospital donde trabajaba, sin embargo el médico me dijo que no pasaba nada, y que si empezaba a tener fiebre y me ocurría lo mismo volviera a verle. La semana siguiente fue la peor de mi vida, no sabía lo que me pasaba: tenía fiebre algunas veces y otras no, me volvió a sangrar la boca; yo estaba fatal, me encontraba cansada, no podía hacer nada. Mi madre me volvió a llevar a un hospital (pero en este caso no al suyo, sino a uno mucho más grande). Tres días después, yo ya me olía algo, siempre estaba llorando y no paraba de decirme que todo iba a salir bien, me asustaba más de lo que estaba. Y cuando llegué me empezaron a hacer pruebas como locos, y me quedé aquí; sí, donde estoy ahora, llevo en esta cama de hospital unos tres años y todo este tiempo me ha estado acompañando la leucemia. Durante estos tres años solo habré visto a mis amigas cinco veces, ya ni vienen desde hace un año, y mis días en este hospital son siempre los mismos; por la mañana clases con un profesor particular y por la tarde yo sola .Mis padres vienen a verme tres veces por semana, aunque en ocasiones preferiría que no viniesen, yo creo que intentan que olvide lo que me pasa para que no esté triste. Pero a mí tener cáncer de sangre no es lo que me entristece, lo que me entristece de verdad es no poder tener la vida normal que tiene cualquier niño. Estoy perdiendo los mejores años de mi vida en una cama, por lo menos si esto me hubiera ocurrido a las treinta y tantos ya habría experimentado cosas que no puedo ni soñarlas. En este hospital no hay nada que hacer, preferiría con mucha diferencia que los gerentes (como yo llamo a los médicos) se preocuparan más en hacer que estos años en el hospital fueran agradables y que lo pasara lo mejor posible, que en curarme esta enfermedad. Esto mismo ya se lo he dicho más de una vez a mi gerente, y él siempre me dice lo mismo; que ellos están aquí para que yo pueda salir lo más rápido posible de este hospital y así no tengan que hacerme la vida más agradable sino que me la pueda hacer yo . Carlos, mi medico, seguramente sea el único gerente que me haya tratado y que se sepa mi nombre; todos los demás médicos me conocerán como una enfermedad en este caso leucemia, ni siquiera se lo saben las enfermeras ellas me conocen como habitación 127. Pero una se acostumbra a que los gerentes nos conozcan como enfermedades y que tengan mayor interés en nosotros cuanto peor sea ésta. Pero poco se puede hacer, lo único: dormir. Hoy como todos los días me he levantado, pero algo pasaba, mi madre estaba sentada a mi lado. Sí, algo tenía que pasar para que mamá faltara al trabajo y estuviera esperando a que me despertara. Al principio me imaginé lo peor, a lo mejor era sobre la anemia, hace unos días empecé otra vez a sangrar bajo la piel. El miedo recorrió mi cuerpo, mamá rompió a llorar .En ese instante quise desaparecer pero a la vez quería saber por qué mamá lloraba. -“Hija...”- sollozó –“¡hemos encontrado un donante!”. En ese momento me quede paralizada, me desmayé.-Cariño- era la voz de mi madre. Empecé a abrir los ojos lentamente, estaban todos ahí mi madre, mi padre, mi hermano y Carlos. Durante la siguiente hora Carlos me contó como sería la operación y los riesgos que podía tener, yo tampoco le hice mucho caso, sólo asentía; sólo el pensar que podría empezar a ser una niña normal hacía volar mi imaginación. La operación sería al día siguiente, todos se despidieron para dejarme dormir; pero yo esa noche no pude dormir, estuve imaginando como sería todo después de la operación como sería mi reencuentro con el mundo exterior, como sería mi vuelta a ese mundo tan lejano para mí. - “Cariño, tranquila todo saldrá bien, cuando te despiertes estaremos contigo”- esas fueron las ultimas palabras de mi madre antes de entrar al quirófano .Ya faltaba muy poco, empezaron a anestesiarme. De repente en esos pocos segundos antes de dormirme empecé a pensar: quién había sido mi donante y qué le podría haber sucedido; quién sería ese desconocido que estaba a punto de cambiarme la vida. Me dormí. Me dolía mucho la espalda, me fui acomodando poco a poco hasta que conseguí la postura menos dolorosa. A mi lado estaba mi madre observando todos mis movimientos. -“¿Cariño te sientes bien?”-dijo mi madre. -“Sí, estoy bien”– no le dije nada de la espalda porque no quería asustarla, además Carlos ya me había avisado de que iba a ser normal que al principio me doliera. De repente empezó a llorar y me abrazó. -“Hija, todo volverá a ser como era antes, volverás al colegio y podrás tener amigos, todo será igual”- en ese momento yo también empecé a llorar. Más tarde vino mi gerente y mamá aprovecho para ir a tomar un café. -“Carlos, ¿quién ha sido el donante?”- le pregunté. -“Eso ahora no importa, lo que importa es que te recuperes y que empieces desde cero”-me dijo con un tono cariñoso. -“No, Carlos, dímelo, es el único favor que te pido antes de que me vaya”- le rogué. -“Sabía que me lo acabarías preguntando”- suspiró- “es un hombre de Madrid que es donante y hemos tenido la suerte de que es compatible contigo”. -“¿Y no podría contactar con él?” -“Lo dudo, eso es muy difícil de hacer”. -“Vale, gracias Carlos”- dije sin entusiasmo. En ese momento lo único que quería hacer era darle las gracias a ese hombre. Me había cambiado la vida. Eran las doce de la mañana, era un bonito día de primavera. Se notaba que se acercaba el verano. Me encontraba feliz y contenta, aunque muy extraña , ya no llevaba ese odioso camisón blanco de hospital. Mamá había ido a comprarme ropa nueva, ya no me valía la que tenía. Me despedí de todos pero especialmente de Carlos ,para mí el único gerente con un mínimo de sentido común. Al salir por la puerta, el sol me hizo daño, tanto tiempo sin salir, mis ojos no estaban acostumbrados a esa luz que tanto anhelaba. En ese momento es cuando me di verdaderamente cuenta de que salía de un hospital y entraba en otro mucho más grande, en el que sólo me cuidarían unos cuantos a los que querría y, todos los demás, ni siquiera me conocerían o me conocerían por cómo soy y no por lo que soy. Pero en el fondo prefiero este gran hospital, ¿por qué?, no lo sé, pero lo que sé es que en este hospital tendré una vida y no una enfermedad. |
|
Web actualizada el jueves, 01 mayo 2008 a las 21:06 horas Sugerencias u observaciones acerca de esta web a: webmaster@colegiozazuar.com Página optimizada para IE 6.0 o superior con una resolución de 800 x 600 © Colegio Zazuar 2003
|