|
| |||||||||
|
PRIMER PREMIO DE PROSA DEL PRIMER CICLO DE ESO
LLEGANDO A MI DESTINO Laura Triguero 2ºB E.S.O.
Ya estaba llegando a mi destino, cuando una mujer, con el pelo recogido en una trenza se me acercó, y me dio un pequeño papel doblado; cuando se alejaba, casi corriendo, abrí el papel, al hacerlo tan solo encontré una dirección. Me dirigía a un pequeño poblado de África, con el cual llevaba soñando desde que entré en “Médicos sin fronteras”, y aunque no era un lugar precisamente de ensueño, yo quería ir allí, a ayudar a todas las personas que me fuera posible. Cuando bajé del taxi, un hombre que tiraba del carro en el que iba sentada, me encontré ante una situación que no me esperaba, dos hombres, aparentemente que tendrían un año o dos más que yo, y una mujer (la mujer de la trenza, que me dio el papel). -¡Hola, me llamo Cristina!- dije, para empezar con buen pie, cual fue mi sorpresa cuando me respondieron los tres casi a la vez. -¡Hello! No me lo podía creer, eran ingleses, y la verdad es que yo de inglés no sabía casi nada, así que lo intenté en francés, pero no, ellos solo entendían aquel lenguaje del que yo no sabía apenas nada. Me comuniqué con ellos mediante señas y lo único que pude averiguar de ellos, es que eran médicos como yo, y sus nombres; de los dos chicos había uno con el pelo largo, él se llamaba John, y el otro que tenía el pelo un poco más corto, Max; de la mujer solo averigüé el porqué me había dado el papel con la dirección: ella dedujo que yo era médico porque llevaba un maletín, que tenía forma de botiquín y me dio el papel para que los encontrara sin problemas. Tras media hora de espera, pude observar un paisaje muy común en aquella región de África, mucho sol, mucha piedra y mucha gente; la espera se me hizo eterna, pero al final apareció Julián, el coordinador; yo le conocía con anterioridad, fue él quién me habló sobre “Médicos sin fronteras”.Después de que Julián se presentase a los ingleses, se dirigió a mí y con lágrimas en los ojos me dijo “Me alegro que estés aquí, haces mucha falta” y tras ello nos dirigimos, andando, al poblado. Cuando llegamos no me esperaba ver tan pocas casas, por así llamarlas, porque la verdad, lo único que se veía era pequeñas chozas con el techo de paja y las paredes de barro, me fijé en la gente, en sus rostros, en sus ojos, y lo único que pude ver eran ojos tristes y que necesitaban urgentemente ayuda. Llegamos a nuestro alojamiento, era como el resto de casas, pero un poco más grande. Julián nos dijo que aquel día nos lo tomáramos de descanso, pero a mí me era imposible, acababa de llegar de un viaje de cuatro días, y no iba a esperar hasta el día siguiente para ir a explorar. Cuando salí de casa, me dirigí al centro del poblado, donde me encontré con Max; él, como yo, quería explorar un poco; fuimos juntos a lo alto de una pequeña colina desde donde se veía todo el poblado. -¿Cristina?-dijo Max. -¿Sabes hablar español?-dije yo muy sorprendida. -Un poco, mi padre era español, y aunque no domino muy bien el idioma sé mantener pequeñas conversaciones. -¿Y, porqué antes me hablaste en inglés?-dije yo, atando cabos. -No lo sé, porque no suelo hablar en español, me cuesta mucho. Tras aquello decidí contarle por qué había viajado hasta África y luego, empezamos a charlar cada uno en su idioma, así el otro aprendía algo. Cuando bajamos de la colina me esperaba Julián, y con un “Hasta mañana”, nos despedimos de Max. Julián y yo necesitábamos hablar. -Gracias por venir- me dijo él. -Quería venir. -Bueno, te cuento un poco la situación, en el poblado hay poco más de cien habitantes, pero la mayoría de ellos tienen sida o hepatitis de algún tipo, además de la desnutrición y la malaria que presentan muchos. -¿A qué se deben tantas enfermedades?-pregunté intrigada. -El sida, se lo contagian los unos a los otros, porque su cultura acepta la poligamia, tener varias mujeres, si el marido está infectado, se lo transmite a sus mujeres y estas a sus hijos; la hepatitis es culpa del agua que ingieren, seguramente, la mayoría de los pozos son de aguas residuales. -¿Está muy mal, verdad? -Demasiado mal. Tras unas pocas palabras más, me fui a dormir. Cuando desperté, debía ser muy tarde porque ninguno de mis compañeros estaba en su cama, desayuné unas magdalenas que me había traído de España. Salí fuera, y me encontré con Mary, así se llamaba la mujer de la trenza, me encargó que fuera a curar a un niño pequeño que se había caído y se había magullado la rodilla. Me lleve la sorpresa de que Shilou, así era como se llamaba el niño, sabía mi idioma y aunque su vocabulario no era muy fluido, lo hablaba bastante bien. El resto del día me dediqué a conversar con la gente más anciana del pueblo. Poco a poco transcurrían los días, sin mucho que hacer, tan solo curar heridas superficiales a algún que otro crío que se había caído y dar esperanzas a las familias. Los días pasaban lentos, pero cuando me quise dar cuenta ya había pasado casi un mes, y aunque mi estancia en aquel pueblecito iba a ser tan solo de un corto período, el tiempo hacía que se pasara muy rápido. Una de las mañanas en las que Max y yo solíamos subir a la colina, que se había convertido en nuestro lugar preferido del pueblo, nos encontramos a un par de niños llorando, Max, que ya hablaba muy bien el español, les preguntó qué les pasaba, y ellos no dijeron nada, tan solo lloraban y lloraban, cuando Max y yo nos íbamos a ir llegó Zahara, la mujer más anciana del pueblo, nos pidió ayuda. Cuando llegamos al lugar donde nos dirigía Zahara, a toda prisa, nos encontramos una situación muy escalofriante: Phiet, el hijo menor de Zahara, estaba medio muerto en el suelo de la choza, lo llevamos al “ hospital” que habíamos construido mientras estábamos allí, le examinamos, y aparentemente no encontramos nada, tan solo cicatrices. Cuando ya nos íbamos, Zahara nos dijo que Phiet padecía de sida, por lo que Max y yo llegamos a la conclusión de que Phiet estaba atravesando la última fase de la enfermedad, es decir la muerte; Zahara nos dijo que últimamente su hijo tenía mucha tos, y bastante fiebre y que Mary le había dicho que guardase reposo, para ver si mejoraba, lo único que había hecho era empeorar. Max se fue a informar a Julián del estado de Phiet y yo mandé llamar a la mujer de Phiet, para informarle sobre el estado de su marido. Cuando apareció le expliqué que el sida que padecía su marido, lo estaba matando puesto que dicha enfermedad debilita mucho el sistema defensivo del cuerpo humano y que debido a la neumonía que había atacado a Phiet, el sistema defensivo no tenía con qué defenderse y se iba a morir. Cuando acabé de explicarle todo aquello, me entraron náuseas, y me tuve que ir fuera a devolver, en ese momento llegaron Max y Julián, una vez que estuvimos todos, incluidos John y Mary, acompañamos a la mujer de Phiet a verle, y cuando esta le daba un beso, él murió. Julián que llevaba allí más de seis años me dijo que durante un año, en breves temporadas de apenas de dos a tres semanas, solían morir muchas personas ya que estos llegaban a la fase final, cuando oí esto se me encogió el corazón, era médica, pero anteriormente en un ambulatorio, nunca antes había visto morir a nadie. Aquella noche me era imposible conciliar el sueño, por lo que desperté a Max, y juntos nos fuimos a ver las estrellas a la colina; muchas veces me planteaba si me gustaba Max, nunca antes había tenido novio, y tenía miedo de ser rechazada, pero con Max era distinto me aportaba seguridad y aunque me hubiera gustado hablar con mi hermana de Max, para ver qué opinaba ella, decidí decirle que me gustaba. Una vez arriba de la colina, nos tumbamos uno al lado del otro, como solíamos hacer y cuando noté que era un momento perfecto le dije. -Max, esto...quería decirte una cosa -No sigas -dijo él, secante. Vale, ya está, no le gusto y no quiere pasar un mal trago, pensé; Y de repente ¡zás!, me dio un beso, yo creo que el beso que más disfrute en toda mi vida, y aunque no conseguía quitarme de la cabeza a Phiet, me quedé dormida entre los brazos de Max. A la mañana siguiente, nos despertó Mary, en ese momento yo estaba muerta de vergüenza, Mary estaba muy asustada, empezó a hablar con Max en inglés, y cuando acabaron me dijo Max, que durante la noche habían muerto tres personas más; en ese momento me sentí culpable, mientras yo disfrutaba de la noche con Max, habían muerto tres personas. Bajamos al poblado, donde sólo se veían caras tristes y se oían llantos. Max y John fueron a hablar con Julián, mientras Mary y yo nos dimos una vuelta por el poblado. Cuando llegamos a casa de Shilou, su madre estaba agonizando y el pequeño temblando de miedo se abrazó corriendo a mí. Mary se llevo a su madre al hospital y yo y Shilou fuimos a ver a Max, que estaba hablando con Zahara. Deje a Shilou con Zahara y Max y yo nos volvimos a la colina. -No aguanto esta situación, que impotencia ver como se mueren a tu alrededor sin poder hacer nada –dije yo apenada. -Yo tampoco, he ido a hablar con Julián y me voy a España. -¿Cómo?, ¿A España? –dije sorprendida. -Si, me voy a España para conocerlo, no puedo vivir más tiempo aquí, han pasado dos meses y medio y no puedo más con esta impotencia, que me carcome por dentro. -Me voy contigo. -Habla con Julián –dijo él. -Eso haré, aunque me encanta este lugar, su cultura, su gente, todo, pero aun así a mi padre, por lo que me cuenta en la carta, le han detectado una enfermedad y tengo que irme a ver como está, además me vendrá bien, para poder encontrar más recursos para estos lugares. -Tienes razón, pero no te deberías sentir tan mal por tener que irte, Cristina, en un corto período de tiempo, quizás podamos volver- dijo Max, para reconfortarla. Bajamos de la colina y nos dirigimos a hablar con Julián, mientras bajábamos vimos a John, nos dijo que la madre de Shilou se había muerto. Cuando encontramos a Julián le comenté mi decisión, la entendió, tan solo me dijo: “Gracias por haber venido, cuídate”. Cuando salía por la puerta me dijo que el barco salía el jueves. Era martes, por lo que tenía que esperar dos días para marcharme con Max, con el cual estaba manteniendo una relación. El miércoles transcurrió sin ningún incidente, tan solo despedidas y preparar maletas. Max estaba nervioso, como yo, pero eso no nos afectó para irnos de aquel lugar, que había marcado nuestras vidas para siempre. Cuando llegamos al barco, me vino a la memoria el viaje que hice hace dos meses y medio para venir a África, con lo que siempre había soñado, y que cuando llegué me rompió mis ilusiones de golpe, porque lo único que yo podía hacer en ese lugar era ver como la gente moría sin que yo pudiera hacer nada; por los comentarios de Max, se notaba que el sentía lo mismo. Al hacer trasbordo de un barco a un avión, Max me dijo algo que me impactó y que no me esperaba, me dijo que me quería y que le hacía ilusión este viaje a España conmigo, en ese momento le dije que cuando llegásemos, me gustaría que conociera a mí familia; aceptó encantado. Al cabo de casi cuatro días de viaje, en el último trayecto de Madrid a Salamanca, donde me iba a encontrar con mis padres después de casi tres meses sin verlos, ni hablar con ellos, ni dar señales de vida, en el autobús en el que viajaba al lado de Max, me puse a llorar de la emoción y cuando vi a mis padres y a mi hermana en la estación esperándome, me abracé a Max y le dije: -“Hemos llegado a nuestros destino” Tras las presentaciones, lágrimas, abrazos, besos y todo eso que se suele hacer al recibir a alguien, nos fuimos a casa, donde Max y yo descansamos una semana y más tarde nos preparábamos para hacer un viaje de quince días por casi toda España. Tras veinte y dos años, le cuento esta historia a mi hija, Susana, que se va a la India con “Médicos sin fronteras” a ayudar a la gente de allí. Max, su padre, y yo, fuimos a despedirla al avión, experimentando de nuevo, la historia de nuestra vida. Cuando Susana embarcó, Max y Cristina se miraron y se abrazaron, vivían de nuevo la historia que les unió, ahora a través de su hija. |
|
Web actualizada el jueves, 01 mayo 2008 a las 21:06 horas Sugerencias u observaciones acerca de esta web a: webmaster@colegiozazuar.com Página optimizada para IE 6.0 o superior con una resolución de 800 x 600 © Colegio Zazuar 2003
|