|
| |||||||||
|
TERCER PREMIO DE PROSA DEL SEGUNDO CICLO DE ESO Y BACHILLERATO
¿RECUERDAS? Paula Castilla 3ºB E.S.O.
- ¿Recuerdas cuando nos vimos por primera vez?- le pregunté esperando una respuesta que no conseguiría. Fue en esa cafetería que nos gusta tanto a los dos. No era un día bonito; afuera hacía frío y el sol apenas se dejaba ver. Yo leía un libro de esos que tanto me enloquecen; una de esas historias de amor que te encantaría vivir alguna vez en tu vida, y en un descanso que hice para darle un par de sorbos a mi café…, ahí estabas tú. Nunca antes te había visto, pero desde ese momento, supe que serías alguien especial. Supongo que tú pensarías lo mismo, porque no dudaste ni dos segundos en acercarte a conocerme. Fue una sensación alucinante, de esas para toda la vida, de las que nunca se olvidan por lo que significaron en su día. Estuvimos hablando durante toda la tarde; como si nos conociéramos desde hacía años. Sé que tú también lo sigues recordando igual de bien, por qué sólo, momentos como esos, quedan grabados en nuestra memoria para siempre. Llevaba puesto un jersey de punto rosa. Mi preferido. No sé porque me lo puse, simplemente lo hice. Solía utilizarlo para días que consideraba importantes: una cena de trabajo, una reunión con mi familia… Ahora tiene sentido; ese día, era importante. No creo en el destino, simplemente hay varios caminos a elegir; y, nosotros, escogimos caminar por el mismo. Me levanté y miré por la ventana. Me encontraba en un lugar pequeño con una decoración demasiado sencilla, al menos, para mi gusto. Estaba cansada, y aunque no quisiera admitirlo, mis fuerzas se iban agotando poco a poco, pero estaba convencida de que él me escuchaba atentamente y todo lo que le contaba lo iba reviviendo en su cabeza. - Fueron buenos tiempos, ¿verdad?; tanto para mí, como para ti… Todo nos iba bien. Tú con tu nuevo trabajo y yo con mi esperada beca para ir al extranjero… Realmente te empezaba a querer, y fue cuando me di cuenta de que no podría estar separada de ti, de que estaba enamorada… y lo sabía, porque cuando estabas conmigo, me gustaba pensar que quizás sería para siempre. Decidí rechazar esa beca y buscarme un trabajo aquí en Madrid para poder estar juntos. No era lo que soñaba, pero sí se adaptaba a lo que deseaba. Organizamos un viaje a Venecia, la llamábamos, la ciudad del agua, ¿te acuerdas?. También recuerdo como me mirabas en aquella preciosa Plaza de San Marcos; y hubiese dado todo porque las horas se hubiesen parado en ese mismo instante. En silencio, aunque tú no lo sepas, nos decíamos tanto… Pero también hay que admitir que no fue todo tan bonito… Pasamos momentos malos que nos costaron varias almohadas empapadas en lágrimas durante largas noches, debido a equivocaciones causadas por los dos... De todas formas, uno siempre tiene que equivocarse para poder aprender, para que no ocurra una próxima vez, ¿no crees? Pero no solo nosotros nos pusimos nuestros propios obstáculos; tú ya sabes lo que a la gente le gusta hablar… Un rumor por allí, una metedura de pata por allá… y los que terminamos pagando los platos rotos somos nosotros mismos… Pero eso ya pasó hace mucho tiempo y tenemos la suerte de poder contar más anécdotas buenas, que recuerdos malos. Fueron tres años maravillosos. Tres años que nos resultarán imborrables para siempre, que nadie podrá quitarnos, y a los que estamos cogidos de la mano. - … - Buff… estoy cansada. Pero no quiero dejarte. Quiero seguir hablando contigo. No quería, pero mis ojos sí. Se cerraron y no pude evitar quedarme dormida. Pasaron muchas horas hasta que la enfermera entró en la habitación. - ¿No habrás pasado la noche aquí? - Sí… Sé que debería haberme ido a casa, pero me quedé dormida hablando con él… - Estás haciendo muchos esfuerzos, y eso tampoco es bueno. Deberías irte un rato a casa a descasar, y después, hacia la tarde, vuelves – me dijo. - No sé, ya veré. Pero gracias por preocuparte. - No me las des. No quería irme. Agradecía el interés de los médicos y de las enfermeras por mí, pero comenzaba a cansarme ese afán porque me fuese a casa. ¿Acaso no se daban cuenta? Yo quería estar con él por siempre… o por lo menos, el tiempo que nos quedase. Jose tenía una enfermedad con un final inevitable. Todos éramos conscientes de ello y por eso intentábamos llevar la situación de la mejor forma posible. Llevaba unos 7 meses en la cama. Sus ojos habían permanecido todo el tiempo cerrados. No hablaba, y mucho menos se movía, pero yo estaba convencida de que él me escuchaba. De que, aunque no pudiese contestarme, él escuchaba todo lo que le contaba atentamente. Pero aún así, cada vez iba a peor. Su enfermedad se agravaba con los días y cada vez las posibilidades de que algún día todo pudiese volver a ser como antes disminuían rápidamente. Y digo esto, porque yo nunca perdía la esperanza de que, en algún momento, todo acabase y quedase como una pesadilla de la que todos hemos despertado. Me quedé mirándolo. Me gustaba mucho su boca, sus manos… me gustaba mucho él. Píííííí… - ¿Qué es eso? ¿Qué está pasando? ¡Un médico! ¡Un médico por favor! - ¿Qué pasa? – preguntó el Dr. Fernández - ¡Enfermeras! ¿Qué estaba pasando? No me lo podía creer. Sentía miedo. Mucho miedo. Pero no temía por mí ni mucho menos, sino por Jose… por su vida. - ¡¿Qué le está pasando?! – pregunté muy angustiada e incluso, histérica. - Sacadla de aquí. Lo siento Myriam, pero no puedes estar aquí. - ¡No por favor! Quiero estar con él. - Tienes que salir Myriam… Se lo llevaron a quirófano. No era la primera vez que le tenían que intervenir de forma inesperada; pero aún así, sentía mucho más miedo que de costumbre. Por primera vez, creo que fui consciente, verdaderamente, de que el tiempo pasa y de que hay cosas que nadie puede evitar. No sabría vivir sin él, pero he de aceptar que en este camino no siempre se sale ganando. Esta vez, los dos habíamos sido vencidos. Ya venía el médico. Caminaba por el largo pasillo hasta que se detuvo delante de mí. No necesité palabras… simplemente me abrazó. Supe lo que había pasado. Sólo lloré. Quería despertar. Quería que todo fuese un mal sueño; despertaría de él, y nada de lo que había tenido que vivir, habría ocurrido. Pero no era así. Quería volver a verle por una última vez. Simplemente despedirme. Llevaron el cuerpo en una camilla de vuelta a la habitación. Entré. Cerré la puerta tras mi paso. Ahí estaba… - Jose…-dije entre sollozos- Ni te voy a olvidar… ni me gustaría hacerlo. Por eso, siempre te voy a llevar conmigo, a todas partes, a donde sea… En mi corazón, en mi memoria, en mi mente… ¿Recuerdas lo que siempre me decías? Mira al frente, ten valor y nunca te rindas… ¡Pues lo voy hacer! Y ya no sólo por mí, ni tan sólo por ti… simplemente, por los dos. Te quiero. |
|
Web actualizada el jueves, 01 mayo 2008 a las 21:06 horas Sugerencias u observaciones acerca de esta web a: webmaster@colegiozazuar.com Página optimizada para IE 6.0 o superior con una resolución de 800 x 600 © Colegio Zazuar 2003
|